Carta de Amor al América: Volvé, Mechita, Volvé





 

Por Joseph K. 

La razón, es que no hay razón, Mechita de mi vida. Porque se trata de amor, de una pasión como volcanes, que no requiere explicaciones y que no cesa, que es interminable.

Mechita, volvé. Volvé. Te hablo a vos, Mechita. No solo a los once que en los días que siguen podrían devolverte la dignidad que tiene una historia hecha desde el polvo más humilde hasta la gloria más alta.

No, no solo a ellos. Te hablo a vos. Hablo a  las decenas de hombres que erigieron tu nombre desde esos días allá, en los años 20, cuando obreros olvidados del cansancio y el sudor de cada día corrían en polvaredas escandalosas detrás de la pelota. Allí, en cercanías del Cementerio Central corrían ellos, esos obreros cuya recompensa no era otra que la pasión, la efervescencia del fútbol. Obreros que sin saberlo eran y serían tus padres, Mechita, los precursores de lo que sos. Les hablo a ellos, a su memoria, a la herencia de humildad y bravura que te legaron. Que nos legaron.

Te hablo a vos, Mechita.  La dueña, la madre original de esa sentencia que nadie más puede llevar: “La Pasión de un Pueblo”. Te hablo a vos, a ellos, a vos, Mechita.

Volvé. No lo hagás para sacarte de la espalda el peso atroz de quienes se ríen de la oscuridad de estos cinco años en los que hemos sufrido. No lo hagás como venganza. No, no lo hagás para ellos. Volvé por nosotros. Los de La Popular. Por nosotros. Los que te sufrimos y amamos. Los que llenamos cada domingo de nuestra infancia con el fervor de tus goles. Los hijos y los nietos de esos obreros que levantaron tu leyenda. Por nosotros. Por los hijos de esos hombres que se embriagaron, que fueron llevados a un cielo más brillante que el que promete la biblia aquel 19 de diciembre de 1979. Por nosotros. Los que lloramos, y descendimos a un infierno más desolado que el que promete la biblia aquel 17 de diciembre de 2011.




Volvé por nosotros. Que estamos aquí. Por las lágrimas y los gritos. Por las voces perdidas en cada juego. Por la frustración de aquellos días en que llegamos hasta lo más hondo, hasta el más profundo de los fondos… Por nosotros que estuvimos ahí. Y maldijimos. Y lloramos, y gritamos, y también reímos, y regresamos a nuestras casas con las camisetas húmedas de lluvia. Y en nuestras casas y nuestros trabajos, y junto a nuestras mujeres y nuestros hijos volvimos a tocar ese mundo negro que es despertarnos y saberte humillada de nuevo.

Volvé por nosotros. Los que no nos cansamos y allí estamos, Mechita, aquí, allá, en Pasto, en Bogotá, en Medellín, donde sea, gritando. Volvé. Volvé.

Volvé. Te hablo a vos, América de Cali. Te hablo a vos. A los miles de hombres que hemos vivido por vos. A los nenes de 7 años que van a verte por primera vez y sucumben ante tu magia. Y ya nunca te olvidan. A los ancianos que hicieron tu historia y hoy te escuchan por radio y recuerdan sus días pasados gritando en el estadio. Te hablo a vos. A tu memoria.

A vos, Mechita. Volvé. Volvé. Tu lugar será siempre la gloria y la bravura… Mechita. Volvé.

 




 

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