¿Cómo superar la depresión si quedamos fuera del Mundial?




Por Tomás Huerta

El jueves pasado, cuando terminó el partido en Barranquilla, sentí un vacío en el estómago, desenchufé el televisor con rabia, y decidí que yo también me iba a desconectar: desde ese día, evito leer el periódico, huyo de la sección deportiva del noticiero, trato de no entrar a Facebook, mejor dicho, hago todo lo necesario para abstraerme de ese macabro partido que nos espera en Lima contra la Selección peruana.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, pienso como un estúpido, como si me hubiera convertido en una señora cuarentona que niega los descarados cuernos que le monta el marido.  Me parece que si evito pensar en el partido, en caso de que perdamos, no me va a dar tan duro, que no ir al mundial va a ser menos doloroso. Yo sé que me engaño, mañana a las 6.30 voy a estar inundado de miedos, puteando las gambetas ridículas de Cuadrado, temblando cada vez que llegue una pelota aérea a Ospina, esperando que alguno de los 10 patacones se la pase al monstruo de Falcao…

De manera que una pregunta estuvo todo el fin de semana en mi cabeza, ¿Qué voy a hacer si Colombia se queda fuera del mundial? ¿Cómo voy a superar este golpe tan dantesco? A continuación les cuento dos estrategias que estoy montando para que una catástrofe de estas dimensiones no acabe con mi salud mental.

Me dirán traidor, pero en la ‘polla’ de la oficina ya le aposté a que Perú nos gana. Le metí 50 mil, lo que significa que si el equipo de Laura en América y la Paisana Jacinta nos supera, me voy a ganar más o menos 100 mil pesos. Obviamente esos exiguos recursos no llegan a compensar el dolor de la derrota, pero al menos tendré para comprarme un shot del wiskhy más caro que me ayudará a menguar la depresión.

Voy a pensar también, en la enorme cantidad de dinero que me voy a ahorrar si no vamos al mundial: Ya no me toca comprar la nueva edición de la camiseta, ni me meto en esa estafa piramidal que es llenar el album de Panini, tampoco me voy a gastar las quincenas del año entrante metido en bares comprando cerveza y alitas en modo traqueto. A fin de cuentas, voy a terminar ahorrando lo suficiente para irme de vacaciones a una playa, para sentirme menos miserable mientras en Rusia rueda la pelota.



Por otra parte, si Perú nos elimina, eso no significa que los Incas sean felices: tienen como condena eterna el haber nacido en la tierra de las mujeres con bigote ¿Dónde está su Paulina Vega? ¿Y su Sofía Vergara cuál es? ¿Cuántas Shakiras hay en Lima? Hay que pensar que nuestra eliminación, en el caso desgraciado de que ocurra, va a ser apenas un consuelo para los pobres peruanos que han tenido que padecer con resignación la escasez de belleza femenina en su tierra.

No es mucho, lo sé. No tengo más consejos para darles, tal vez porque a mí no me han servido de consuelo. El terror de no ver a la Selección en el album de Panini, la rabia de no tener la tarde libre en la oficina porque juega Colombia, la desilusión que nos va quedar a todos por no ir a Rusia, va a ser tremenda. La verdad es que ningún consejo será efectivo para evitar que un madrazo de dolor, rabia e impotencia se nos salga si no vamos al Mundial.




 

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