Esta es la razón por la que me fastidian El Chontaduro y Levy Rincón

Figuras recientes como la de LEVY RINCÓN y la de “El Chontaduro” en nuestra farándula virtual y etérea, resultan a la luz de los ojos de algunas personas, como algo interesante. No sé en qué momento pasó. Representan un bochinche un poco raro, revoltoso, llamativo por lo local de su jerga, generando una empatía fácil; la gente está molesta, inconforme y esto, el insultar y denunciar a la bulla de los tarros, a muchos les canaliza de algún modo su malestar. Es normal confundirlos inicialmente con irreverencia, se camuflan en un enredo entre crítica social y humor “ácido”, terminando por ganarse un espacio en el “zapping” u ocio diario de personas sedientas de algo diferente en cualquier dirección. Siempre la sociedad ha caído en estas demagogias. Actualmente no se está tomando el tiempo de analizar los contenidos que se consumen. Se asume que todo es ligero porque proviene de redes pero eso no es tan así de simple, terminan por ser ni más ni menos que las fuentes de información y a fuerza de repetición estas ideas se tornan en la realidad de la gran mayoría de cibernautas. A nivel comercial, la tendencia es abaratar los contenidos en todo sentido y así ir acorde al público que prefiere ahora el menor esfuerzo posible en su lectura. Me tomaré el tiempo de escribir al respecto, no a manera personal ni en contra del señor Levy, no lo conozco, no me referiré a nada más allá de su presencia pública en internet. Haré uso de sus nombres sólo para denominar eso tan común que representa tan bien, ese mal referente que quiero confrontar junto a otras figuras como los “haters” y truhanes criollos. Le llamaré a eso ser un Levy.

Producto de la moda, pues, está el odiar. Odiar sin saber porqué, a quién. Está de moda la ignorancia. Pero esta moda no la está imponiendo la gente de manera consciente y decidida. Estamos cansados del odio y de la ignorancia en realidad; sobretodo de que se impongan. La vida idealmente debería vivirse sin repudio pero estando las cosas como están, es cierto, en el mundo se deben repudiar cosas y se deben denunciar: a los genocidas, pederastas, a los corruptos y a los mediocres.




EL CONTEXTO

Hace poco leí que lo que realmente era hilarante de la tragedia en Colombia, era el odio e indignación creciente que siente una parte de su población por la marginalidad de la delincuencia común, pero no por su dirigencia política. Eso, llevado a otros planos revela elocuentemente nuestra hipocresía, señalar al débil será en todo caso más fácil, porque señalar al fuerte resulta temerario. Se odia la jerga del pueblo pero no la retórica corrupta que nos tiene jodidos. Los medios de comunicación a nivel global mientras tanto se dedican a fabricar “tv shows” con contenido del tipo que alimenta esa enfermedad y lo hace a cántaros (amarillismo, “pranks”, sadismo). Permiten ver lo enfermo que puede llegar a ser el ser humano en relación a si mismo; explicándose incluso científicamente como algo inherente a él y desde luego no exclusivo de los colombianos. Contenido crítico, constructivo no, no sirve, no vende. El arribismo y todas sus formas, entre ellas el burlarse del fracaso del otro o de su condición desfavorable siempre será más fácil. Si un prójimo se cae, será más fácil ahora sacar una cámara, reírse, postear, que ayudar. La exposición de los defectos de quien se debe y toda forma de periodismo, activismo, sátira y humor social, la han asesinado aquí. Nuestra sociedad sólo alcahuetea el chiste fácil, dirigido al más débil, lo chambón y sin trascendencia. La “libertad de expresión” ha sido implacable con quien se burle de aquellos que si representan las peores paradojas de Colombia.

¿Y SI RAJAMOS DE QUIEN RAJA?

Entonces dice Freud que a un niño le es más fácil expresar verbalmente el odio a un hermano que a sus adultos. Es muy infantil discriminar. Un Levy en sus publicaciones, retrata a un culicagado, de esos que se saben rebeldes entre los 14 y 19, que no se han levantado del sueño de ser diferentes, especiales, con un don. Algunos nunca se levantan de ese sueño. A esos los ves buscando celebrar entre los mismos, en el fondo anhelan agremiarse, tener reconocimiento. La verdad es que no sé cuántos años le tome, pero sé que un buen Levy no se saldrá de ese portarretrato por conveniencia prolongadamente. Es más fácil declararse así, como un adolescente eterno, uno de estos nuevos productos sociales que llegan a viejos pero irresponsables, por ahí haciendo y diciendo cuanta cosa se les ocurre, en redes, típico de los culicagados.

Un Levy escupe para arriba. Le mantiene vivo por estos días, sacar la lengua y luego sacarla más fuerte. Cosa más infantil. Es esclavo de su red y le llama proyecto. Evidentemente necesitan atención y para su alivio, lo obtienen a través de likes y comentarios que suscitan casi a diario. No cuesta mucho imaginarse a uno de ellos detrás de una computadora, con el máximo de su intelecto para esquivar el ser considerado un deficiente mental. Por el contrario, así diga que le vale verga todo, cada una de las respuestas a esa “pobre gente ignorante”, con mala ortografía y sintaxis, dibujan un sudor producto de un notable esfuerzo. Qué agotador debe ser. Entiendo que se vive hoy por hoy de comentarios y de likes, sin duda el mercadeo tiene tendencia hacia las cifras, de hecho, tiro el dato: hacia el “streaming”. A punta de anarquía en realidad lo que están buscando es convertirse en un “trending tópic”, de esos “trending” normales de todo buen muchacho emprendedor. Les conviene. Bueno que se dejaran de hipocresías, al menos el “Mindo” y otros pelaos a los que tanto critican, abiertamente están buscando su posicionamiento comercial; ellos, en cambio, tan rebeldes y tan Levys que presumen ser, resultan siendo un muy juicioso proyecto colegial de “youtuber” y de humorista, “canaleándosele” la ropa a una pequeña empresa emergente a cambio de una pobrísima publicidad.




Un Levy es un mal remedo de Martín De Francisco. Peor aún, un Levy es la copia de una copia. Pero para morirse de la risa: un Levy se burla de los copias. Ahora les dio por realizar entrevistas en Cali con el firme propósito de burlarse de la gente. Se les ve muy sarcásticos, muy “transgresores”, sobrados ellos. Están por encima en cada pregunta como en aquellos actos circenses baratos donde quien más ridículo se ve es el que quiere poner en rídiculo al payaso. No sé cuanta reafirmación se necesita para estar seguro de exponerse a eso. Me imagino que sólo montan las imágenes de los más avergonzados e inocuos entrevistados, a esos que en el momento no tuvieron el discernimiento agudo y presto para mandarlos a comer mierda de inmediato. Estas cosas las hacía desde hace rato De Francisco. Pero a ver, para quienes no lo saben, “Beavis and Butthead” (1992) de MTV inspiraron a Martín de Francisco y Santiago Moure a que se sentaran frente a un televisor a rajar sobre Colombia y todo su panorama social hace 20 años (!) y crearon “La tele” y posteriormente a “El siguiente programa”, que si bien generaron por aquella época algún revuelo, lo hicieron, en realidad fue sólo una mamadera de gallo que no comprometió mucho su opinión. Eran unos niños de bien. Se descargaron la mayor de las veces sobre la gente “del común” y su ignorancia, tildándola de “iguazos” y “chibchombianos”, términos que se llegaron a popularizar a nivel nacional. Sin éxito y viviendo de la nostalgia de algunos, De Francisco y Moure siguen realizando de manera independiente algunos stand-up comedy y emisiones de algo que llaman ahora “La tele letal”. Eso ahora sí que es un perdedera de tiempo deliberada y decadente. De hecho, demostrando la obsolescencia de estos contenidos, “Los Simpsons” perdieron su audiencia. El chiste se agota.

“HATER”, EL OFICIO ACTUAL DE TODO CULICAGADO QUE SE CREE ESPECIAL

La palabra odiador,1 odiante,2 o hater (que en inglés significa «[alguien] que odia, que aborrece») hace referencia a un término empleado en Internet para denominar a los usuarios que generalmente desprecian, difaman o critican destructivamente a una persona, a una entidad, a una obra, a un producto o a un concepto en particular, por causas poco racionales o por el mero acto de difamar.3 .

Un Levy viene siendo por definición actual un “hater”. Lo que la gente ignora es que ni eso es nuevo ni es relevante para nadie. Extrapolando los ejemplos, Hitler y todo el antisemitismo fueron de los peores odiadores de la historia. Paddock recientemente nos advirtió que sigue vivo más que nunca el odio. Es algo así de serio, parece extremo, pero tienen la misma raíz. Ese deseo de sentirte especial y parte o aparte de algo. Segregación. Nada de valiente surge de estos actos, el común denominador que repunta en todos es la cobardía. El odio siempre será cobarde. Difamar desde una trinchera aún más. Pero transformar eso si que es difícil. Estoy casi que seguro que dentro del discurso de esta gente está eso de que poniendo el dedo en la llaga están generando nuevos espacios de discusión pero que va, ideas como las de un Levy son un completo estorbo para las sociedades. Creerá acaso que es la piedra en el zapato, el pelo en la sopa, pero digo yo, no del “pensamiento facilísta y mojigato” de nuestra sociedad, lejos, supongo, deben ser un estorbo para sí mismo. Ya se debe tener suficiente con dedicarse a responder comentarios, no me imagino lo estorboso que debe ser para el pensamiento estar confrontando tanta dualidad e incoherencia a la vez frente a ti mismo y a otro buen número de ociosos. ¿Qué hago aquí? no me gusta, pero reconozco que soy de lo mismo, si me gusta, soy un irresponsable pero no del todo, trato de cuidar lo que escribo pero no me importa si lo descuido, debo ser más responsable, soy un chambón igual que “todos” pero soy diferente porque lo digo.

Un Levy sabe a quiénes debe realmente confrontar pero no lo hace. Es un cobarde. Es difícil denunciar a quienes realmente generan todo este caos. Es mas fácil ser un mediocre y deslumbrar a lectores incautos, en Internet, mucho más. Eso constantemente él mismo lo aclara. Sí, muchas cosas en nuestra sociedad están bien podridas y eso se ve reflejado en su pensamiento; cosa que es bien triste, de verdad. La resignación, la mayor de las mediocridades. Sé de donde nace ese miedo a actuar coherentemente. Pero también un Levy debe entender algo urgente a mi parecer: si reconoce que fue un gamín, ¿qué con eso?. Que si viene de ser un chirrete, ¿qué con eso?. Debe entender lo superfluo que es, al pretender tener injerencia en la sociedad. Lo que está haciendo no le da. No sirve de nada. está ayudando a nada. No tiene sentido social, ojalá se desmienta a si mismo pronto. Que ya con intereses comerciales de por medio, y con la gente que replica lo que dice se está generando por el contrario un daño grande. Lo que menos necesitamos en una sociedad tan herida como la nuestra es que la misma comunidad prosiga inercialmente con la construcción de más estereotipos o fortaleciendo los existentes. Es enfermo eso. Lo explico: Odio, generando odio para seguir alimentándose de odio. Que no es tan chistoso.

Cojones los tuvo Jaime Garzón, un Levy Rincón no.

LA PELEA Y EL BOCHINCHE NO ME HACEN FALTA

La sociedad en todo el mundo, no sólo en Cali está saturada de odio, de estereotipos, discriminación, clichés y bochinches. En un Levy no veo otra cosa más: un mensajero del rumor, de lo que se escucha, lo que se comenta y se replica ligeramente sin duelo ni responsables. Un “Chontaduro” publica puras pendejadas. Ya me asomé. Tiempo atrás había leído un par de cosas a través de Facebook. Una vez di click y leí, me di cuenta que en realidad no hay trabajo, no hay ingenio más allá de haber utilizado al colorido y sonoro chontaduro como gancho. El asunto es: como esta gente hay mucha gente. Algunos no son culicagados. Muchos caleños le tiran durísimo a sus coterráneos en cuanta publicación pueden, con comentarios muy fuertes, desde luego cobardes, desde la comodidad de su celular y con su indignación de pacotilla. Se tiran al aire opiniones meramente subjetivas, propuestas delirantes para la solución de todos los problemas. Es el momento en el que todos tienen voz, todos pueden opinar. Muchos caleños hablan muy mal de Cali y de su gente. Es increíble que a eso se dediquen algunos coterráneos, a difundir frases como: “los colombianos tienen la gran habilidad de burlarse de sus propias tragedias”, “son unas abejas”. Por esta razón he tenido discusiones fuertes no sólo aquí si no en otras ciudades de Colombia y del mundo donde la vida me ha puesto para particularmente entender que lo que sucede en Cali no es exclusivo de Cali ni de Colombia, que suceden diferentes o peores cosas en otras ciudades, que entonces no es asunto de los caleños ni de ese imaginario que tenemos de idiosincrasia, mal llamada “caleñidad” si no que al igual que en todo el mundo el problema viene de las desiciones mal tomadas a lo largo de esta historia maltrecha de tanto dolor llamada civilización. Aquí es que me pregunto: personas como un Levy qué tanto ha viajado? Si lo han hecho, qué han visto sus ojos? Sabe (un Levy) acaso que en todos los países hay “bendecidas (mujeres que replican una cultura de lo fácil como él)”, “traquetos (hombres que replican la cultura de lo fácil como él)”, “Guisos (estereotipos que replican la cultura de lo fácil como él)”. Sabe acaso que incluso en los países donde hay más educación también hay gente bastante inoficiosa porque opta serlo como él, con coeficientes intelectuales bajos o personas idiotizadas por contenidos como el suyo?. Yo creo que si lo ignora o que si se entera, lo ocultará. Ocultará que él mismo es un estereotipo y que, si de males se trata, él es uno de los peores.

No estoy de acuerdo con ocultar la verdad pero creo que si de verdad se quiere hablar se debe hacer bien, yendo a la raíz de los problemas, investigando profundamente para señalar con mayor precisión y corregir. Nuestros medios por ahora, mostrarán las consecuencias pero no las causas. Muy pocos resultados en donde se haga realmente justicia se mostrarán de las investigaciones por corrupción y violencia en nuestro país a escalas enormes. En otras ciudades del mundo evitan darle prensa lo negativo, por algo será.

Creo que a todos en algún momento se nos sale la mierda pero es una realidad que es improductivo quedarse ahí. Más dañino aún, valerse de eso para fines personales. Un buen Levy, debe seguir el ejemplo de sus mentores: De Francisco luego tomó conciencia y creó al lúdico “Profesor Super O”. De verdad que todos podemos aportar algo positivo a nuestro entorno, no importa cuánto tiempo eso tome ni cuántas guerras en nosotros mismos debamos librar.

Froyber Maya 




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