El demonio violador de Ciudad Córdoba





Por Yurani*

 

Me desperté con un cosquilleo en mi vagina.  Bueno, despertar es solo una expresión, en realidad seguía medio dormida, medio consciente, entre este mundo y el mundo de los sueños. Pero sí recuerdo con nitidez ese cosquilleo, debo admitirlo, placentero. Era como si alguien estuviera poniendo su boca justo ahí, como si moviera lentamente su lengua encima de mí.

Debo estar soñando, pensé. Claro, uno de esos sueños que uno sabe que sueña, y se dedica a disfrutarlo, a hacer aquello que no se atreve en la realidad. Así que me relajé y disfruté aquella deliciosa experiencia erótica, disfruté esa boca, claramente masculina, que me tocaba. Podía sentir su barba sobre mi estomago, luego, de a poco, comencé a sentir sus manos encima de mis tetas.

Todo acabó cuando sonó el despertador. No tengo ni puta idea por qué; miré el celular y eran las 3.24 a.m., mucho antes de la hora que tenía que despertarme para ir al SENA. Pero no fue el despertador, que extrañamente había sonado, lo que me despertó, sino esa voz seca, como tosca, que gritó desde el patio: ¡Yurani!

Temblé de miedo cuando la escuché, ¿Quién me podría estar llamando a esta hora? ¿Tal vez era Nelson borracho llamándome desde la calle? No, imposible. No era la voz de él.

-¡Yurani! – Volvió a gritar ese hombre extraño.

Comencé a temblar, intenté pararme, llamar a mi mamá que dormía en el cuarto vecino; no pude, no podía mover ni un dedo. ¡Mierda! Sigo dormida… Sigo soñando. ¿O no?



Y justo ahí, mientras intentaba moverme para escapar de mi pesadilla, huir de mi cama, apareció él. Estaba vestido de negro, tenía un saco de esos con capucha, toda negra. Temblé más, tal vez me oriné, quería correr, gritar, no podía.

Él se quitó la capucha, caminó desde la puerta hasta el borde de mi cama, su cara era totalmente blanca, con una X que la cruzaba, como hecha con una navaja. Solo recuerdo que me dijo:

– No te preocupes. Soy un demonio,  sí, uno muy malo, pero no te preocupes, hoy solo quiero follar.

Se quitó la ropa negra, y mientras yo lloraba de miedo y luchaba por huir, se metió dentro de mí.

No lo voy a negar, todavía espero cada noche a que vuelva.

*Nombre cambiado para proteger la fuente




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