“Cholado siniestro I”: El capítulo de Black Mirror que se grabaría en Cali

Redacción El Chontaduro

 

El sol del mediodía rebotaba sin piedad sobre las canchas panamericanas, en ese desierto deportivo el calor se multiplica, se hace insoportable. Y más para Dexter, acostumbrado a la fría Chicago y a su viento polar; venía caminando desde un hostal de San Antonio, donde le dijeron que los cholados de la Novena eran una experiencia imperdible.

“Si venís a Cali, tenés que comer choladito” – le dijo Natalia, la chica de la recepción, una trigueña de trasero responsable con el que Dexter fantaseaba desde que llegó.

Él era un viajero solitario, tenía la convicción de que eso le agregaba libertad a su experiencia. Las novias, los amigos o la familia, al final, te convertían en un ser gregario, esclavo de los deseos de los demás. Ahí, parado frente a los pequeños negocios de cholados, él mismo podía escoger cuál prefería, sin preguntar a nadie.

Caminó entre las carpas, un enjambre de abejas rondaba los dispensadores de los jarabes de colores, y en todas sonaba música de hace treinta años: clásicos como Maluma o J Balvin, hacían parte del repertorio musical. No lograba decidirse, todos parecían similares… y cuando estaba por escoger el que tenía una foto de un cacique, sintió una mano, extrañamente fría, que lo tomó del hombro. Era una anciana negra que se empinaba para agarrarlo.

– ¿Dexter?  Papi, no lo piense más. Venga conmigo si quiere algo más que un cholado, si lo que quiere es vivir una verdadera experiencia caleña. – le dijo la anciana casi gritando.

El primer impulso de Dexter fue retroceder, sorprendido porque la anciana supiera su nombre.

-¿Cómo saber tú mi nombre? – Le respondió en un precario español.

-No se preocupe mijo. Acá sabemos muchas cosas, ¿o es que no ha escuchado del dicho? “Más sabe el diablo por viejo que por diablo” – le dijo mientras lo agarraba de la mano.

Sin saber por qué, quizá guiado por la curiosidad de que esta señora conociera su identidad, se dejó llevar. Atravesaron la Novena y entraron a una casa que en su fachada tenía un letrero, “Cholado’s Technology”. Un salón amplio, con un aire acondicionado exagerado, llena de asientos de cuero. Todos los clientes tenían apariencia de extranjeros, rubios y de mejillas rosadas, dormidos, cada uno con un cholado entre sus manos. Y todos, con una mueca de alegría en la cara.

– Mire, ya sé que está sorprendido, pero “don’t worry” – le dijo la anciana- Es sencillo, nosotros sabemos que a ustedes los extranjeros, a los mochileros como usted, les encanta vivir una verdadera experiencia local, descubrir las ciudades de manera auténtica, no como turistas. ¿O digo mentiras?

-It’s true – murmuró Dexter quien seguía sorprendido – ¿Cholado con drogas? – preguntó

-No, no, mijo, nada de drogas. Todos los caleños no somos jíbaros. Venga le explico.

Buscó un folleto en una pequeña biblioteca anclada a la pared.

-“Cholado’s Technologies” es una compañía de turismo de ‘inmersión’. Con nosotros usted podrá disfrutar Cali de una manera auténtica, única, no como un turista, sino como un verdadero caleño.

-¿Y cómo funcionar? – le preguntó Dexter mientras miraba los rostros extasiados y felices de los clientes.

-Es muy fácil. Utilizamos una combinación de ingeniería neurocelular, biotecnología robótica y realidad infinitesimal aumentada. En resumen: su conciencia dejará su cuerpo, y será insertada en otro. En el cuerpo de un auténtico caleño, uno de verdad, de carne y hueso.

-¿Como un avatar?

– Exacto Dexter, como un avatar. Usted tendrá todas las ventajas de ser caleño, porque su cuerpo no perderá toda la memoria: hablará español con acento caleño, podrá pedir rebaja en el centro, nadie lo va querer robar ni estafar en la calle, bailará salsa choke, reguetón, trap y bachata, algo impensable para cualquier gringo como usted.

-Increíble -respondió sorprendido Dexter –  ¿Pero el cholado para qué es?

-Sencillo: Es el amuleto. Antes de entrar a su avatar usted se va comer la mitad del cholado. Una vez esté dentro de él, lo único que tiene que hacer para salir es comerse la mitad de otro cholado. Así el sistema reconocerá que desea terminar el servicio y volverá a su cuerpo original. Al finalizar, le cobraremos a su tarjeta de crédito o a su cuenta de Bitcoins, el tiempo que haya consumido.

Lo pensó un momento. “Acepto”, respondió.

Dexter se acostó en una de las sillas, le conectaron unos pequeños cables neuronales a su cabeza. La anciana le trajo el cholado.

-Vea papi, disfrútelo. Pero antes de que comience el viaje, le voy a presentar a su nuevo cuerpo. ¡Yeison Dexter venga! – gritando hacia una habitación que había permanecido cerrada – Lo escogimos por tocayo suyo, ¡Qué casualidad!

Salió un caleño de 1.80, con los músculos marcados y una camiseta del Deportivo Cali con las 9 estrellas en su escudo.

-Mucho gusto papi, soy Yeison Dexter. Su avatar.

Dexter, el gringo, le dio la mano con poca fuerza, estaba cayendo en un sueño profundo, se había comenzado a comer el cholado….

 

Continuará….

 

 

 

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