7 señales para reconocer un uribista pobre





Redacción El Chontaduro

Millones de colombianos que teníamos la esperanza de un verdadero cambio en la política de nuestro país, durante las elecciones presidenciales del año pasado, tuvimos que afrontar una dura realidad: este país sigue siendo uribista hasta los huesos, o lo que es lo mismo, ignorante, violento, clasista, y por qué no, fascista.

No nos llamemos a engaños, la realidad es que el uribismo es una secta que se ha infiltrado en todos los niveles de la sociedad colombiana, incluso los más insospechados. Uno creería, por ejemplo, que los pobres no tienen razones para defender al “patrón”, pues ha demostrado durante toda su carrera política ser un enemigo de las clases populares. Sin embargo, la realidad es otra, y uno se encuentra con frecuencia con un deplorable espécimen humano conocido como “El uribista pobre”. A continuación les contamos algunas de las características infaltables en estos sub-ciudadanos:

  1. Intenta ser (o parecer) paisa

No importa de qué parte del país sea originario, el uribista pobre se cree paisa, incluso cambia su acento natural para hacerle creer a la gente que es de Medellín o Manizales. Se pone un poncho y un sombrero en la feria de su municipio, celebra la alborada el primero de diciembre y hace marranada el 31. Como si fuera poco, casi siempre, termina siendo hincha  de Nacional, por más que haya nacido en Bucaramanga o Cali.

El uribista pobre celebra con guaro y bala cuando su “equipo” del alma obtiene un título. Es un fake-paisa, mejor dicho, un paisa chimbo.  Infaltable.

2. Utiliza palillos para limpiarse los dientes

El uribista pobre poco conoce de modales a la hora de comer, en realidad se caracteriza por su ausencia de educación. Después de comer un plato de mondongo o media libra de chunchulo, de conversar sobre las ventajas de la “seguridad democrática” y el hecho de que gracias al ‘dotor’ Uribe puede ir a su finca (a pesa de que no tiene ninguna finca y ni siquiera conoce el mar), el uribista estrato 2 toma un palillo de madera con el cual intenta extraer los pedazos de intestino de vaca que quedaron entre sus muelas.

Si sorbe la sopa, come arroz con cuchara y se limpia los dientes con palillo en la mesa, es un uribista pobre.

3. En reuniones de familiares o amigos intenta vender Herbalife

El uribista pobre se cree una especie de Steve Jobs combinado con Jeff Bezos; el único libro que tiene en la casa es esa basura de Padre Rico Padre Pobre, y aunque no ha sido capaz de leerlo, se cree un emprendedor de proyección internacional y fortuna promisoria.

Se llama a sí mismo “empresario”, pero en realidad lo único que hace es inscribirse a cuanto negocio multinivel le ofrecen: ha intentado con Omnilife, Herbalife, Zrii, Gano Excel… en fin, cualquier estafa que conoce se la intenta revender a sus allegados.

Si no respeta reuniones familiares o de amigos, e intenta vender productos basura, es un uribista pobre





4. Le lleva mariachis borracho a la esposa (o novia) cada seis meses (después de cascarla)

En su intimidad familiar el uribista pobre se caracteriza por ser agresivo y maltratador, usualmente ha tenido problemas con la ley y tiene al menos una demanda en un juzgado de familia. Gracias a su costumbre de agredir a la novia o esposa, el uribista pobre se ve en la necesidad de contratar grupos de mariachis para pedir perdón, actividad que desarrolla al menos una vez al mes.

Si borracho es agresivo, y le pega en la jeta a la mujer, pero además tiene el descaro de llevarle flores y mariachis baratos para pedirle perdón, generalmente se trata de un uribista pobre.

5. Tiene dificultades con la lecto-escritura

El uribista pobre, como ya lo mencionamos, carece de formación académica. Sus cantantes favoritos son, si tiene menos de 40, Maluma o Nicky Jam, y si sobrepasa esa edad, El Charrito Negro o Darío Gómez. Cree que Beethoven es un perro que salía en una película, cuando le hablan de Nietzsche cree que se refieren a los de “Cali Pachanguero” y si le preguntan por Descartes, supone que se trata de sobrantes  de un taller de confección.

Si es un inculto, casi analfabeta, pero se cree un sabio hombre de mundo, lo más seguro es que esté ante un uribista pobre.

6. Ha pedido cinco veces la visa (y se la han negado)

El gran sueño de la vida del uribista pobre es conocer la tierra de su ídolo Donald Trump, visitar a Mickey Mouse y tomarse una foto frente al Empire State en Nueva York. Desde que tiene 20 años ha estado pidiendo citas en la embajada de Estados Unidos para, finalmente, cumplir su grandioso sueño americano, sin embargo, siempre la respuesta es la misma: “Denied”.

Si el sueño de su vida es conocer “mayami”, pero no lo ha conseguido porque siempre le niegan la visa, se trata de un uribista pobre.

7. Ha intentado linchar a un ladrón en el barrio

Tiene instintos violentos (y paramilitares) en su interior. Le gusta coleccionar cuchillos y está ahorrando para “enfierrarse”. El uribista pobre aborrece a los ladrones y piensa que alguien debería matarlos a todos.

Si ha golpeado un ladrón que estaba robando en la cuadra, si además gritó “sangre” o “denle a ese hijueputa”, sin duda,  se trata de un uribista pobre.