Por Carlos Eduardo Ibáñez Sanclemente

Aunque en teoría el Partido Verde, la empresa electoral por la que Jorge Iván Ospina presentó su nombre como candidato a la Alcaldía de Cali, representa según sus líderes ‘la política diferente’ y la ‘decencia’, la realidad es muy diferente de las consignas.

Las alianzas de Ospina y su partido con lo más grotesco de la política en el Valle del Cauca, con los sectores más abiertamente clientelistas y que entienden la política, no como un servicio ciudadano, sino como una industria, un negocio, revelaron la amenaza que constituye esta candidatura para el futuro de la ciudad.

Y es que la llegada a su candidatura del Partido de La U, liderado por nombres como el de la actual gobernadora Dilian Francisca Toro y el senador Roy Barreras, hace insostenible la narrativa de ‘nueva política’ que de manera pretenciosa, los verdes en general, y en concreto, Jorge Iván Ospina, dicen promover.

Pero la alianza con estas figuras tan cuestionadas por su forma de hacer política, no solo desencantan a los ciudadanos que buscaban una alternativa limpia, sino también a los que nos identificamos como ‘ciudadanos libres y pensantes’, a los que defendemos las ideas de la izquierda.

¿Cómo se entiende que el candidato, que en teoría, defiende las banderas de la Colombia Humana en Cali, al mismo tiempo, sea el candidato de la ultraderecha de Dilian Francisca?

La simpatía de Dilian con el uribismo, matizada por algunos intereses tácticos electorales, es innegable, de ahí que no se entienda en qué momento fue recibida en las toldas de la candidatura ‘alternativa’ de Ospina.

La llegada de Roy Barreras, Dilian Francisca Toro, en la actual campaña electoral, el apoyo del ex-gobernador Juan Carlos Abadía y del ex-senador Juan Carlos Martínez, dan cuenta de lo desdibujada desde el punto de vista ideológico que está la candidatura ospinista.

Para Jorge Iván parece que todo es válido siempre y cuando sume votos.

El ‘todo vale’ que su partido tanto ha rechazado como método político, parece haberse convertido en la máxima que guía su accionar electoral.