Asesinatos que lloran, asesinatos que celebran


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Redacción El Chontaduro

Lucas Villa fue asesinado el 11 de Mayo en Pereira mientras participaba en una manifestación. Fue baleado por un cobarde que huyó y que todavía no se sabe quién es. El país se indignó. Calle 13 le hizo un homenaje, Matador varias caricaturas, marchas en su nombre, velatones, oraciones y cacelorazos.

Carlos Andrés Rincón fue secuestrado, torturado y asesinado el 4 de junio. Tampoco se sabe mucho sobre quién lo hizo. Pero a diferencia de Lucas, sobre Carlos no habrá tendencias en Twitter, Calle 13 no le hará un Live en su Instagram, Margarita Rosa no le dedicará un trino indignada. Ni marchas, mucho menos velatones, más bien pocas oraciones y ningún cacerolazo merecerá su asesinato.

¿Por qué? Porque para muchos colombianos Carlos “se lo merecía por ser policía”. Porque “quién lo manda” o “algo habrá hecho”. Como Carlos era de los “malos” su muerte importa poco. Ni una lágrima en su nombre.

Da igual que Carlos estuviera en su día de descanso. Que tuviera 34 años y una familia esperándolo en casa. Para él no hay vídeos de youtubers ni performances en las calles.

Muertos de primera, como Lucas, y muertos de segunda o tercera división, como Carlos. Como no sirve su tragedia para hacer política, como sí les servía la de Lucas, Petro y Bolívar poco dirán sobre la muerte del patrullero.

Como les queda más difícil (aunque lo harán) culpar a Duque del asesinato, como hicieron con el de Lucas, sobre Carlos Andrés no dirá mucho la izquierda colombiana. La memoria de Carlos, y de tantos otros, no les sirve para llegar al poder, por tanto no vale la pena mencionarla, ni indignarse, ni marchar, ni una lágrima.

La tragedia más grande es que esa misma indolencia que los “famosos” o los políticos exhiben por el asesinato de un ser humano, es replicada por la gente en las redes sociales.

Hace algunas horas publicamos este comentario en nuestra página de Facebook:

“¿A qué hora comienzan las marchas y los plantones por el asesinato de Carlos Andrés Rincón? ¿O el patrullero, al que torturaron y tiraron al Cauca, como es un policía y no un ser humano, no merece ninguna protesta? Ah verdad, como les queda un poco más difícil culpar a Duque y a Uribe de este asesinato, lo mejor es fingir que nunca ocurrió.”

Algunas respuestas no pueden ser más atroces, más miserables. Es imposible dejar de pensar en la Alemania Nazi y en cómo, poco a poco, tantos alemanes dejaron de creer que los Judíos eran seres humanos y comenzaron a pensar que eran bestias o ratas. El paralelo con estos comentarios es evidente:


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