Por Lector anónimo de El Chontaduro

– La historia es muy sencilla, seguramente no soy el único que ha afrontado una situación así, sin embargo no sé qué hacer. De verdad necesito su ayuda.

Ricardo dejó de hablar durante unos segundos, miró al suelo, y luego se paró junto a la ventana del consultorio, viendo cómo pasaban los carros por la Roosevelt, azotada por el sol de las dos.

– Mire doctora, la verdad es que he estado pensando en cometer una locura. No le veo otra solución a esta hijueputa historia. – Remató mientras intentaba ocultar con la mano una lágrima que se le enredó entre la barba.

La doctora estaba acostumbrada a situaciones difíciles, a menudo sus pacientes venían a consulta con graves cuadros depresivos, algunos eran alcohólicos, muchos drogadictos. Pero su ojo clínico, su experiencia profesional, sus años de recorrido, le habían enseñado a reconocer un verdadero suicida, alguien que estaba a punto de matarse. Ricardo, sin duda, era uno de esos casos.

Se paró junto a él, lo miró a los ojos. “No voy a dejar que este man se mate”, pensó.

– Mire Ricardo, mejor hablemos. Le aseguro que yo le puedo ayudar, pero necesito que me cuente todo. Y no solo que me cuente todo, que me diga la verdad.

-Está bien doctora. Le voy a explicar porqué estoy seguro de que la perra de Tatiana me está poniendo los cachos. Le voy a explicar por qué me quiero matar.

  1.  Cambió la clave del celular

-Para comenzar doctora, debo decirle que nuestra relación siempre se basó en la confianza, a tal punto que yo siempre tuve acceso a su celular, revisaba su whatsapp y sus llamadas casi todos los días, si necesitaba utilizarlo lo hacía sin problema… hasta hace quince días, la cambió, de un momento a otro. Le pregunté por qué lo había hecho, y no me respondió. Se quedó callada.

Si cambió, de un momento a otro, la clave del celular, no hay duda de que me están poniendo los cachos.

2. Se está arreglando y vistiendo mejor

Mire doctora, yo siempre he sido un hombre conservador, detesto que las mujeres lleven escotes o minifaldas provocativas. Y por supuesto siempre le he exigido a ella que se vista decentemente, con decoro, que no de lugar a que los hombres la miren morbosamente. Ella siempre me obedeció, hasta hace unas semanas; compró ropa nueva, jeans apretados, tacones nuevos y maquillaje.

Si de forma repentina ella se está vistiendo sexy para ir al trabajo o salir a la calle, no tengo la menor duda, soy un cachón.




3. Aumentó su vida social 

Nuestra relación ha sido muy intensa desde el principio, incluso desde novios nos veíamos casi todos los días, y por supuesto, eso significó que ella dejara de ver y hablar tanto con sus amigas. Ni hablar de amigos, desde el principio le dije que no me gustaban las mujeres amigueras, que se olvidara de ellos si quería estar conmigo. Ella aceptó, sin embargo desde hace un tiempo la he visto hablando mucho con gente, la llaman dos o tres veces por la noche y habla, se ríe. Absurdo. Estoy seguro que está utilizando a sus amiguitas para tapar su infidelidad.

Si de un momento a otro tiene muchas amigas y “amigos” nuevos, no cabe la menor duda, tiene una relación con otro tipo. 

4. Dejó de consentirlo

Yo estaba acostumbrado a que ella me tuviera lista la comida cuando llegaba del trabajo, a que me planchara sin falta las camisas los sábados, a que me dejara listo el almuerzo para la oficina, en fin, que cumpliera con todas las labores que le corresponden a una buena mujer. Pero doctora, de un momento a otro, ella dejó de consentirme; cocina a veces, no lava bien, no plancha, ¡El apartamento es un desastre!

Es fácil, si ella ya no me mima y me tiene descuidado, es porque está teniendo sexo con otro hombre.

5. Exige más en la cama

Sin embargo doctora, lo que me llevó a estar convencido de que esta vagabunda me está siendo infiel, es que de un momento a otro le ha dado por hacer cosas raras en la cama. ¿A quién se le ocurre que en un matrimonio de varios años como el nuestro, uno le tenga que hacer sexo oral a la esposa? Además se la pasa con ganas, a veces hasta dos o tres veces por semana me busca para que lo hagamos, quiere probar dizque nuevas posiciones. En estos días hasta me dijo que por qué no íbamos a un motel. Lo que deberíamos hacer, como cualquier pareja estable, es hacer el misionero y punto. Todas esas fantasías con las que me está saliendo son ridículas.

Estoy convencido de que si está tan ‘creativa’ en la cama es porque algún man le está enseñando y la está volviendo pervertida.

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Ricardo se sentó de nuevo sobre la cama. Esperó unos instantes a que la doctora le diera una respuesta, una receta mágica para aliviar su dolor suicida. Finalmente, dejando algo de espacio para el suspenso, la doctora tenía una respuesta.

– Mire Ricardo, yo no soy ni psicóloga ni psiquiatra, soy una simple puta, pero si le tengo un remedio muy sencillo.

La ‘doctora’ se bajó los calzones, lo único que había llevado puesto durante toda la ‘consulta’.

– Eso sí, tenemos que apurarnos porque la hora ya casi pasa. Y el patrón se enoja si nos quedamos más tiempo con los clientes.


El buen Ricardo, el hombre tan ejemplar como cachón, salió de la “Clínica” con 100 mil pesos menos, un poco más aliviado, un poco más tranquilo. La próxima semana volvería, como siempre, a buscar ayuda de la ‘doctora’.