La generación con Alzheimer


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EDITORIAL

Que los jóvenes salieron a las calles porque Colombia está cada vez peor. Que los “viejos” le dejaron a ellos un país en cenizas, cada vez más pobre, sin salud y educación. Que no hay esperanzas ni oportunidades, que por eso las barricadas y los bloqueos. Que sin violencia, sin piedras y sin explosivos, nada va a cambiar.

Esas son las respuestas habituales de los muchachos que marchan. Sorprenden porque no tienen nada qué ver con la realidad del país. Colombia no solamente ha avanzado durante las últimas décadas, sino que ha mejorado de manera maravillosa en todos los indicadores de bienestar social.

Pero esta generación, que anda un poco desmemoriada, se resiste a ver los aspectos positivos de la realidad y está empecinada en machacar una y otra vez la idea de que vivimos en el país más miserable e injusto de la Tierra. Una forma de ceguera tan o más grave que la de aquellos que no perciben los problemas.

Olvidan estos chicos, por ejemplo, que en el 2000, cuando muchos de ellos estaban naciendo, solamente el 15% de los jóvenes tenían acceso a la educación superior, mientras que hoy más del 50% acuden a instituciones universitarias o tecnológicas. Un avance enorme y esperanzador.

No recuerdan que en 1964, la tercera parte de los colombianos eran analfabetas y hoy ese indicador apenas llega al 5%, muy cerca de las cifras del mundo desarrollado. O que en los 50, menos de la mitad de los niños asistían a la escuela primaria pero que hoy casi el 100% lo hacen.

Nunca antes Colombia ha sido un país más educado que hoy, nunca hubo tantas oportunidades de estudiar, aprender y convertirse en profesional como ahora.

Se quejan también de lo perverso que es nuestro sistema de salud y protestan contra las reformas “neoliberales” a las que acusan de haber destruido la salud en Colombia. Tal vez no saben que en los 90, justo antes de las “malvadas” reformas, apenas el 29% de los colombianos tenían cobertura de salud y que hoy el 95% cuenta con un seguro médico.

Ignoran los manifestantes que en 1950, cuando sus abuelos vinieron al mundo, en Colombia se morían 120 bebés por cada mil que nacían. Hoy ese indicador, el de mortalidad infantil, llega apenas a 15 bebés muertos por cada mil. Un auténtico milagro de la Salud Pública en Colombia, que en el curso de medio siglo le ha salvado la vida a centenares de miles de personas.

Nunca antes Colombia ha tenido mejores indicadores de cobertura y calidad en su sistema de salud. Nunca hemos tenido mejores oportunidades de seguir viviendo, cuando nos enfermamos, que hoy.

Por supuesto que tenemos muchos problemas. Seguimos siendo un país pobre y los retos que tenemos son difíciles. Pero negar el progreso en bienestar social durante las últimas décadas es absurdo. Solo se explica porque existe un interés ideológico detrás.

Si la narrativa del desastre se impone, aquella que insiste en que Colombia es el peor país del mundo, la única solución posible es la de cambiar nuestro modelo económico. Una revolución.

La generación con Alzheimer olvidó, o a lo mejor nadie le ha querido contar, de dónde venimos y cuál ha sido la ruta que hemos seguido para ir saliendo de las tinieblas de la miseria. Eso explica por qué está luchando para que viajemos de regreso a la caverna.


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