EDITORIAL

Wilson Arias es uno de los sindicalistas y políticos de extrema izquierda más representativos del Valle del Cauca, actual senador por el Polo Democrático. Se trata de un hombre tan inteligente como fanático, dogmático hasta los huesos y un marxista sin complejos.  De la mano del también senador Alexander López, y utilizando los sindicatos de empresas estatales como Emcali y el SENA, ha construido un importante capital político que le ha permitido acceder al congreso en las últimas elecciones legislativas.


Por lo anterior es que resulta significativo el respaldo que a través de un vídeo en Twitter, difundido en los últimos días, le dio al ex-alcalde Jorge Iván Ospina en su aspiración de llegar nuevamente a la alcaldía de Cali. Se trata de un apoyo importante en lo electoral, considerando las enormes burocracias sindicalizadas que están detrás de Arias y del Polo Democrático, pero sobre todo, trascendental en lo ideológico, pues evidencia el viraje izquierdista que está tomando la candidatura de Ospina y el talante que tendría una administración suya.

Más allá de los perversos antecedentes en materia de corrupción y de administración pública que han caracterizado a los gobiernos locales del Polo Democrático (como el de Samuel Moreno o Lucho Garzón en Bogotá), lo cierto es que preocupa la orientación ideológica que tomaría una eventual administración de Ospina en temas como Emcali, el MIO, la política tributaria del municipio y el clientelismo.

En cuanto a EMCALI, en contravía a la necesidad de adelgazar de burocracia y corrupción esta olla podrida, un co-gobierno de la extrema izquierda sindicalista en Cali, se traduciría en mayores prebendas para las oligarquías parásitas, que disfrazadas de ‘obreras’ se aprovechan de los caleños ofreciendo servicios públicos carísimos y de una calidad lamentable.

En materia de impuestos, infraestructura y clientelismo, tendríamos nuevas dosis de la receta izquierdista, que ha resultado un fracaso en todos los momentos y lugares donde se han ensayado: más tributos para las clases medias, asistencialismo que se traduce en profundización de la pobreza y aumento de las nóminas burocráticas que exprimen la capacidad económica de los contribuyentes.

El respaldo de la extrema izquierda a la candidatura Ospina, en teoría ‘progresista’ y ‘moderada, debe dar lugar a que los caleños pensantes reflexionen si el camino socialista, vicioso y fracasado siempre, es el que le conviene a la ciudad.

Los caleños también deberán cuestionarse si un candidato como Ospina, quien recibe apoyos por parte de sectores asociados a los sicarios y pedófilos de las FARC, como lo es el Polo Democrático, tiene la autoridad moral para regir los destinos de la ciudad.

Desde estas páginas editoriales creemos que la respuesta es obvia: ¡Ni de vainas!