Corría el año 2009 y estaba en furor la época de los parches en Cali. Yo tenía apenas 16 años y vivía en Brisas de los Álamos, un barrio al norte de la ciudad cerca de SAMECO y enseguida de Floralia. La verdad es que todos nos tomábamos la vida un poco a la ligera y no pensábamos en los peligros que se corrían por ser parte o pertenecer a un parche de estos.

Siempre, desde muy temprana edad quise formar parte de las llamadas pandillas gomelas de Cali. Todos eran Alianza o Antialianza. Cada uno tenía su apodo y gozaban de cierta popularidad en el HI5. Algunos hasta ya dizque tenían muertos encima y todo. Nunca supe por qué pandillas gomelas si igualmente vivíamos en los barrios populares y eramos pelados muy pobres. Gente como El Chamo, Chiqui Gatas, El Gato o un tal Huevo, mandaban la parada. Y uno pues se dejaba llevar de esas modas y hacía lo que fuera para poder ser uno de ellos.

Y así lentamente me fui vinculando en un parche de mi barrio, del que no puedo decir el nombre, pero que hacia parte de la moda de los parches y salía a darse chuzo y bate con gente de otros parches que vivían en otros barrios. En el caso de los míos, teníamos amigos y enemigos por todo el norte, incluyendo Floralia, barrio en el que me conseguí una novia y perdí para siempre la posibilidad de seguir caminando.

Como les decía, corría el 2009, yo vivía una vida agitada, consumía marihuana, poper, perico y pepas. Me gustaba ir a todos los corrinches que hacían en mi barrio y en los cercanos. Andaba siempre con mi gente y uno que otra vez armaba el tropel y hasta puñaladas llegué a pegar. Tenía cierta popularidad en barrios como Cálima, Alcázares, Guaduales, Álamos y Floralia. Siendo de Brisas hasta me tenían cierto respeto. Además era un tumbalocas y mi papá me había regalado una moto. Tenía el mundo en mis manos con apenas 16 años.

Con toda la malafama que me precedía y con todos los enemigos que tenía, no lo pensé dos veces para conseguirme una novia en Floralia. Todos me advirtieron, mis amigos, mis papás, unos entuques que tenía. Todo el mundo me dijo que por allá no, pero yo, por picado a loco, empecé a meterme a esa olla a hacer visita.

Ella se llama Karol Vanesa, en esos momentos tenía 16 años también y vivía por Mercatodo, atrás, por Florialita, y yo, pues todo tragado, hasta allá me iba a meter con mi motico, pero siempre activado por si había vuelta o algo así.

Al principio todo calmado, yo iba y no pasaba nada, pero después se fue regando el rumor. Empezaron a decir que el viejo tal estaba cayendo mucho al barrio y que en la juega. La primera vez llegaron dos manes a pie y me dijeron que no llegara más al barrio y se fueron. Yo no hice caso y solo pensé que era puro visaje. No comí de nada y seguí yendo a hacerle visita y me sentaba en las escaleras del antejardín de su casa que quedaba en uno de esos pasajes.

La segunda vez ya llegaron fue en moto, uno de los manes se bajó, se metió la mano a la cintura, pero no sacó nada… Me dijo que si seguía cayendo a la zona, la próxima vez me los pegaba sin miseria. Yo esta vez me puse en la juega, pero ya estaba tragado, yo quería seguir yendo a visitar a mi hembrita.

Pasaron unos meses y yo no volví a sentir movimiento de nada. No había gestión por ningún lado y yo me relajé. Me parchaba hasta tarde en ese antejardín y me iba relajado para la casa. Pero una noche de esas, recuerdo tanto que era martes, cuando fui saliendo, me llegaron 2 motos con dos manes en cada una, los dos copilotos se bajaron y uno me pegó una cachetada, yo nunca los había visto en mi vida, al quedarme mirando fijo a uno, el otro sacó el fierro y le dio candela de una vez, yo sentí un ardor en la pierna, cuando les dije que tranquilos, por la espalda, uno de los de las dos motos, me disparó tres veces a quemarropa, yo solo sentí mi cuerpo desvanecer y me fui al piso, los otros dos se subieron en las motos y se fueron. Mi novia corriendo llamó a su tía que era la única que estaba en la casa y con dos vecinos me cargaron hasta el parqueadero para coger un taxi que me llevó al San Juán de Dios.

Yo ya iba perdiendo la consciencia en el taxi y sentía un hormigueo en las piernas, me sentía débil y un poco adormecido. Llegamos al hospital y de repente se me fueron ya las luces, cuando desperté, estaban todos, mi mamá  y mi papá… Toda mi familia. Mi pronostico era reservado pero yo ya sentía que no tenía movimiento en mis piernas.

Efectivamente al otro día el parte médico dejó claro que jamás podría volver a caminar y me dio muy duro todo. No quise volver a comer y lloraba todo el día. Me tenían que mantener con calmantes y sinceramente no quería que nadie me visitara.

Dos semanas después salí y empezó mi calvario, al mes mi novia me dejó, y me di cuenta que andaba con uno de su barrio, mis panas nunca me volvieron a visitar y empecé a extrañar poder salir a la tienda, caminar hasta el parque, jugar fútbol en la cancha del barrio… Me tuvieron que meter a terapia psicológica y poco a poco, con el tiempo, pude volver a cogerle amor a la vida, a través de trabajos sociales que ahora hago.

Karol Vanesa hoy tiene dos hijos de un pelado que está en la cárcel y yo perdono a los que me hicieron este daño que con el pasar del tiempo se convirtió en mi fortaleza de vida.

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