Ustedes también son corruptos


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EDITORIAL

Corrupción, explica el diccionario, es la acción de “Echar a perder, depravar, dañar o pudrir algo”.

Echar a perder, por ejemplo, el MIO, las estaciones que sus padres tardaron años en pagar, romperles los vidrios y convertirlas en su cambuche. O quemar los buses, que antes llevaban a su tía al médico o a su hermanito a jugar fútbol, y de los que ahora solo quedan cenizas.

Corrupción es dañar, explica el diccionario. Dañar el local de un señor que vendía frutas, robársele una vida de trabajo. O dañar la tienda de un ciclista, salir corriendo con las bicicletas que se ganó pedaleando.

“Hacer que algo se deteriore”, también es corrupción según el diccionario. Deteriorar la economía del país, por ejemplo, que en el primer mes de Paro perdió 6 billones de pesos, bastante más de lo que los otros corruptos, contra los que dicen protestar, se han podido robar en este tiempo.

Corrupción es depravar, dice el diccionario. Depravar, por ejemplo, a los niños que han convencido de que hace falta odiar al policía y al que vive en una casa grande, porque es malo, porque su vida no vale mucho, porque es una bestia y un malvado.

Corrupción es también “pudrir” una cosa. Pudrir, por qué no, las miles de toneladas de habichuela, remolacha, lechuga o naranja que nunca llegaron a la mesa de las familias. Y con ello “pudrir”, si me permiten la licencia, las esperanzas de campesinos y empresarios del campo de salvar sus negocios.

Corrupción, cómo no, también es parar una ambulancia porque en las redes dicen que ahí va el enemigo. Impedir que un bebé llegue al hospital porque, a lo mejor, un aliado del “fascismo” va oculto entre las camillas.

Corrupción, por supuesto, también es negarse a darle clases a los niños, que siguen en sus casas esperando que algún día sus maestros decidan dejar de salvar al país por un ratico y tengan tiempo para salvarlos a ellos.

Claro que corrupción también es pedir “tajada” en un contrato, sacarle una comisión a la licitación o pasar con sobrecostos una factura. Pero no se engañen, ustedes no son distintos porque usen tenis y no lleven corbata, no son menos delincuentes porque anden en bici y no en una camioneta blindada.

Son tan corruptos como ellos. Tan ladrones como los yupis que se roban miles de millones y se los llevan a Bermudas. Tan delincuentes como el contratista que entrega comida vieja a los niños de la escuela. No son mejores que los que dicen odiar, de hecho, se parecen tanto que cuesta reconocer a unos y a otros, al fin y al cabo ustedes también son corruptos.


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el chontaduro

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